


El Salvator Mundi (c. 1500), atribuido a Leonardo da Vinci, es una de las pinturas más enigmáticas y célebres del Alto Renacimiento. Esta icónica imagen presenta a Cristo como el «Salvador del Mundo», combinando el simbolismo espiritual con el extraordinario dominio del realismo, la luz y la expresión humana que caracterizaba a Leonardo.
En la composición, Cristo mira directamente al espectador, alzando la mano derecha en un gesto de bendición mientras sostiene una esfera de cristal transparente en la izquierda. La esfera simboliza el cosmos y la autoridad divina sobre el universo, reforzando el significado espiritual de la pintura. La delicada representación de la mano por parte de Leonardo, los sutiles juegos de luces sobre el rostro y la mirada serena crean una sensación de presencia tranquila y atemporal.
La figura viste túnicas azul oscuro adornadas con intrincados motivos dorados, que reflejan dignidad real y majestad divina.