


Santa Catalina de Alejandría (c. 1507-1508), de Rafael, es una de las obras más elegantes y expresivas del Alto Renacimiento. Pintada durante los primeros años de Rafael en Florencia, esta elegante composición refleja su dominio de la armonía, el equilibrio y la belleza ideal, cualidades que pronto lo convertirían en uno de los más grandes pintores del Renacimiento.
La pintura representa a Santa Catalina sentada junto a la rueda rota de su martirio, con la mirada fija en el cielo en un momento de profunda devoción. Según la tradición cristiana, Catalina fue una noble conocida por su sabiduría y fe, que se negó a renunciar al cristianismo. La rueda a su lado evoca el instrumento destinado a su ejecución, que, según la leyenda, se rompió milagrosamente.
Rafael retrata a la santa con extraordinaria serenidad y dignidad.