


San Mateo y el ángel (1602), de Miguel Ángel Merisi da Caravaggio, es una de las obras maestras más célebres del barroco italiano y forma parte del famoso ciclo que el artista creó para la Capilla Contarelli en la iglesia de San Luigi dei Francesi en Roma. Esta poderosa composición ilustra la inspiración divina que motivó la escritura del Evangelio según San Mateo.
Caravaggio representa a San Mateo como una figura anciana y humilde, sentado en un escritorio sencillo mientras escribe su Evangelio. Un ángel luminoso se inclina hacia él, guiando suavemente la mano del santo y señalando el texto, simbolizando la inspiración y la guía divinas. La interacción entre ambas figuras crea una escena dinámica e íntima que transmite el acto sagrado de registrar la palabra de Dios.
La composición se define por el uso dramático de la luz y la sombra, técnica conocida como claroscuro, que caracteriza a Caravaggio.