


La Transfiguración (1516-1520) de Rafael es considerada por muchos la obra maestra final y más impactante del artista. Completada poco antes de su muerte, esta pintura monumental aúna la revelación divina y el drama humano en una composición extraordinaria, convirtiéndola en una de las obras más célebres del Alto Renacimiento.
La pintura se divide en dos escenas impactantes. En la parte superior, Cristo se eleva en una luz radiante, flotando sobre el monte Tabor entre los profetas Moisés y Elías. Su figura luminosa, rodeada de nubes arremolinadas, representa la gloria divina revelada a sus discípulos. Debajo de él, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan caen al suelo, sobrecogidos y atónitos, al presenciar la visión milagrosa.
La parte inferior del cuadro presenta una dramática escena terrenal. Una multitud desesperada rodea a un niño poseído cuyo sufrimiento no puede ser aliviado por los apóstoles presentes.