


La Belle Ferronnière (c. 1490–1496), de Leonardo da Vinci, es uno de los retratos más elegantes y enigmáticos del Renacimiento italiano. Pintada durante la estancia de Leonardo en la corte de Ludovico Sforza en Milán, la obra es célebre por su refinado realismo, su profundidad psicológica y su serena dignidad.
El retrato muestra a una joven noble sentada sobre un fondo oscuro, con la mirada serena fija en el espectador. Viste un vestido rojo de colores intensos adornado con delicadas cintas y joyas, además de una distintiva banda enjoyada en la frente, un adorno conocido como ferronnière, que da nombre a la pintura.
El dominio de Leonardo en el retrato se evidencia en el sutil modelado de la luz sobre el rostro de la figura y en la representación naturalista de su expresión. Mediante delicadas transiciones entre luces y sombras, el artista logra una notable sensación de presencia y vitalidad.