


Cabeza de esqueleto con un cigarrillo encendido (c. 1885-1886), de Vincent van Gogh, es una de las obras más singulares e intrigantes de la primera etapa del artista. Pintada mientras Van Gogh estudiaba anatomía y dibujo de figura en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes, la obra combina la práctica académica con un llamativo sentido del humor negro y una expresiva individualidad.
La pintura representa un esqueleto humano de perfil sobre un fondo negro intenso. Entre sus dientes, el esqueleto sostiene un pequeño cigarrillo encendido, transformando lo que podría haber sido un estudio anatómico convencional en una imagen ingeniosa y memorable. El contraste entre la estructura rígida del cráneo y el gesto juguetón del cigarrillo le confiere a la pintura una sorprendente personalidad.
Van Gogh pintó los huesos con pinceladas audaces y expresivas, y tonos cálidos que resaltan de forma espectacular sobre el fondo oscuro.