


Este mural cerámico rinde homenaje al corazón de Andalucía, capturando el espíritu del flamenco y las entrañables tradiciones del pueblo gitano. En el centro, un guitarrista curtido se sienta bajo el sol del sur, con su sombrero de paja protegiéndole el rostro mientras sus manos tocan la música de una guitarra dorada. Su presencia encarna siglos de tradición oral y patrimonio musical, entretejidos en cada nota del flamenco.
El telón de fondo evoca los pueblos encalados de Córdoba, Jerez, Cádiz, Ronda y Granada, localidades donde el eco de las guitarras y el ritmo de las palmas han marcado la vida local durante generaciones. Una rústica vasija de terracota, azulejos calentados por el sol y la tenue silueta de una iglesia rural enriquecen la escena, fusionando arquitectura, artesanía y cultura.