


El triunfo de Baco (1628-1629), también conocido como Los Borrachos, es una de las obras más fascinantes y originales del barroco español de Diego Velázquez. En este cuadro, Velázquez fusiona la mitología con la vida cotidiana, presentando al dios romano Baco rodeado no de figuras idealizadas, sino de hombres comunes.
En el centro, Baco, el dios del vino, corona suavemente a un hombre arrodillado con una guirnalda de hiedra, que simboliza el don de la embriaguez y la evasión del sufrimiento humano. A diferencia de las representaciones mitológicas tradicionales, Baco aparece con una presencia natural, casi humana, suavemente iluminado sobre un fondo más oscuro.
Lo rodea un grupo de figuras vivaces y expresivas —campesinos y bebedores— cuyos rostros rebosan carácter, humor y realismo. Sus expresiones curtidas, sonrisas y gestos contrastan con la calma, casi distante, del dios.