


El Captura de Cristo (1602), de Miguel Ángel Merisi da Caravaggio, es una de las obras maestras más dramáticas e intensas del barroco italiano. Esta poderosa composición captura el momento de la traición de Judas, cuando Cristo es identificado y arrestado por soldados romanos en el Jardín de Getsemaní.
En el centro de la escena, Judas se inclina para besar a Cristo, señalándolo para su arresto. La expresión de Cristo es serena y resignada, en marcado contraste con la tensión y el movimiento que lo rodean. Las figuras se apiñan, creando una composición compacta que intensifica la sensación de inmediatez y la emoción.
El dominio de Caravaggio del claroscuro —el contraste dramático entre luz y sombra— se hace plenamente evidente en esta obra. Un potente rayo de luz ilumina los rostros, las armaduras y las manos de las figuras, emergiendo de la oscuridad circundante y centrando la atención en el momento clave de la traición.