


El Entierro de Cristo (1507), de Rafael, es una de las obras maestras más conmovedoras y refinadas del Alto Renacimiento italiano. Pintada para la Capilla Baglioni en Perugia, esta notable obra representa el solemne momento en que el cuerpo de Cristo es llevado al sepulcro tras la Crucifixión.
La composición se divide en dos grupos emotivos. A la izquierda, el cuerpo sin vida de Cristo es llevado con delicadeza por los discípulos, cuyos gestos revelan tanto esfuerzo físico como profundo dolor. A la derecha, la Virgen María se desploma de dolor, sostenida por las mujeres que la rodean. Rafael equilibra magistralmente estos dos grupos, creando una escena armoniosa y a la vez de gran fuerza emocional.
El paisaje del fondo se extiende hacia las colinas distantes bajo un cielo despejado, mientras que la cruz permanece visible en la cima, recordando al espectador el sacrificio que acaba de tener lugar.