


Este magistral mural de cerámica da vida a la antigua leyenda griega del rapto de Perséfone por Hades, un mito que simboliza el ciclo eterno de vida, muerte y renacimiento. En esta dinámica composición, Hades conduce su carro de caballos negros por el paisaje, con su manto ondeando al viento mientras aleja a Perséfone de sus compañeros. El contraste entre el día y la noche, el sol y la luna, la tierra y el inframundo infunde a la escena una tensión dramática y un profundo simbolismo.
Las ninfas circundantes se extienden angustiadas, sus túnicas ondeando con un movimiento exquisito que captura tanto la desesperación como la gracia divina. A sus pies, un río oscuro serpentea por la fértil campiña, mientras un fiel sabueso del inframundo sigue el camino del carro. Cada detalle —pliegues de tela, gestos y elementos míticos— ha sido elaborado con la precisión y el lirismo del arte clásico.