


Este mural cerámico encarna el espíritu de la artesanía norteafricana, combinando ornamentación floral con refinadas estructuras geométricas en tonos cobalto intenso y blanco puro. La pieza central presenta un medallón radiante, rodeado de flores repetidas en forma de estrella y enmarcado por un elaborado borde, creando un equilibrado juego de simetría y decoración.
Su diseño evoca las antiguas tradiciones azulejeras de Fez y Marrakech, donde los mosaicos zellige definen palacios y riads con impactantes patrones rítmicos. Evoca los azulejos azules y blancos de Túnez, célebres por sus líneas definidas y su luminosidad mediterránea. Las refinadas volutas florales evocan la influencia otomana del arte argelino, mientras que la intensa paleta índigo evoca los famosos tonos de Chefchaouen, la "ciudad azul" de Marruecos.
Desde lejos, el mural proyecta una poderosa armonía de forma y color.