


El bosque se aquieta. La luz se filtra a través de un antiguo dosel. Bajo las raíces nudosas, el tiempo duerme, y grabadas en el círculo de piedra que rodea el tronco, runas susurran sobre guardianes, dioses y estaciones ya pasadas.
Este mural de azulejos cerámicos del Árbol Antiguo de las Runas evoca un mundo mítico donde la naturaleza es sagrada y los árboles guardan memoria. En su centro se encuentra un enorme roble —como el que se puede encontrar en un claro celta o en una saga nórdica— rodeado de piedras talladas con runas que evocan rituales, ancestros y saberes ocultos.
Enmarcado por una ornamentada cenefa celta de nudos entrelazados, este mural une el lenguaje visual del druidismo gaélico, la narrativa vikinga y el misticismo forestal. Los verdes son profundos y húmedos. La luz es dorada, reverente. Cada detalle se siente como una puerta.