


Bajo un cielo aterciopelado con bordados dorados, este mural captura la quietud y la maravilla de una noche estrellada en el desierto. Una luna creciente brilla sobre las estrellas en mosaico, cada una con un patrón único, como símbolos antiguos susurrados en el firmamento. Los camellos deambulan entre palmeras y agaves, compartiendo historias apacibles a través de ondulantes dunas cubiertas de miel y ámbar.
La composición combina un encanto onírico con una geometría ornamental: faroles en tonos joya descansan junto a un árbol, troncos de palmeras se alzan como guardianes del pasado, y el propio suelo forma un mosaico luminoso de luz estampada. El azul de la noche es intenso e infinito, mientras que el terreno se ondula con un ritmo curvo, imitando tanto el mosaico de azulejos como la arena arrastrada por el viento.