
Rebosante de energía, folclore y calor sureño, este mural de cerámica artesanal transmite la esencia de la azulejería andaluza y el arte tradicional de Talavera. En el centro se yergue un radiante pavo real, cuyo plumaje se despliega en arcos de oro, turquesa y zafiro. Cada pluma se arremolina con motivos de ojos, como amuletos contra el sol, mientras que las enredaderas envuelven la escena con flores rojas, hojas ondulantes y clásicos pergaminos moriscos.
Inspirado en la herencia artesanal de Sevilla, Córdoba y Puebla, el mural celebra el linaje cerámico compartido entre el sur de España y el México colonial. La frontera rebosa de ritmo barroco y ecos hispanomudéjares, donde la geometría árabe se fusiona con el estilo castellano. El mural está enmarcado como un tapiz, pero cada pétalo, zarcillo y detalle rebosa de vitalidad popular.