


Este mural narra la historia de la sal, el sol y el mar. Con la piedra desteñida por el sol y los tonos azules deslavados como fondo, la composición captura un momento de tranquilidad junto a la costa del Egeo, donde la pesca matutina reposa en un banco desgastado, entre redes retorcidas, cestas tejidas a mano y conchas relucientes. Es un homenaje a la vida junto al agua: artesanía, ritmo y rituales cotidianos.
Las texturas son profundamente táctiles: cestas de mimbre rebosan de conchas, cuerdas enrolladas cubren los azulejos y el plateado del pescado fresco brilla con un brillo marino. El borde, rico en azules acuáticos y motivos de conchas, enmarca toda la escena como una postal de azulejos de un puerto de una isla griega.
Evoca no solo un lugar, sino un estilo de vida: perfecto para casas costeras, cocinas de mariscos, entradas de tabernas, patios o para cualquiera que sueñe con la vida junto al Mediterráneo.