


Este mural de cerámica captura un poderoso encuentro alpino entre un águila y una familia de rebecos, enmarcado por la majestuosidad de los picos nevados y el vasto cielo abierto. La composición equilibra el movimiento dinámico con la armonía natural: las alas del depredador se extienden en un majestuoso descenso, mientras que los rebecos se mantienen firmes en el terreno accidentado, alertas pero con dignidad.
Representada en colores vivos y naturales, la escena transmite tensión y belleza. La atención al detalle del artista resalta las texturas de las plumas, el pelaje y la roca, sumergiendo al espectador en la vitalidad de la vida en la montaña. El fondo, con sus suaves degradados de azul y blanco, realza la sensación de profundidad y amplitud, otorgando al mural una impresionante sensación panorámica.