


Este mural es un homenaje al altiplano, donde los cielos vibran con los dioses del sol y cada colina esconde una historia. Una caravana de llamas y vicuñas avanza por un onírico paisaje andino, donde cada montaña está tejida con geometría sagrada y cada flor brota de la tierra como un tapiz. No es solo una imagen, es un eco del Altiplano, rico en color espiritual y simbolismo ancestral.
Inspirado en el lenguaje textil del pueblo quechua y el espíritu místico del Cusco, este mural combina ritmo folclórico con una audaz intensidad cromática. Encontrarás ecos de las paletas del carnaval boliviano, la simetría del tejido peruano y la cosmovisión precolombina: el sol, el fuego, el agua, las estrellas, las montañas y la tierra, todos hablando a través del diseño.
La paleta es audaz y sin complejos: rosas eléctricos, azules ultramarinos, naranjas brillantes y dorados cálidos vibran con morados profundos y verdes selváticos.