


Este mural de cerámica ofrece una visión trascendental de la Pasión de Cristo, no solo en su sufrimiento físico, sino también en la tristeza celestial que lo rodea. En el centro se encuentra el Salvador crucificado, con la cabeza inclinada y los brazos extendidos, coronado de dolor y gracia. Sobre él, la inscripción INRI proclama su título: Jesús de Nazaret, Rey de los judíos. Pero son los ángeles, vestidos de luto e iluminados en oro, quienes confieren a la escena su divina gravedad.
Cada pieza captura un detalle de este profundo momento: alas emplumadas, manos unidas, lamento celestial. El cielo brilla con la intensidad del crepúsculo, pintando el momento con tonos de sacrificio y esperanza radiante. Este mural no solo habla de pérdida y sufrimiento, sino también de redención, compasión divina y presencia eterna.