


Este mural rinde homenaje a la geometría sagrada y a la exquisita armonía visual del diseño persa. En su centro, una flor similar a un mandala irradia desde un medallón central, con cada pétalo enmarcado por arabescos florales y motivos de enredaderas ondulantes. La simetría del mural se inspira en la tradición safávida de los azulejos de Isfahán del siglo XVII, donde mezquitas, jardines y palacios se convirtieron en lienzos vivientes de belleza matemática y simbolismo botánico.
La paleta —cobalto, lapislázuli, azafrán y coral— evoca los colores de las vidrieras iraníes y los esmaltes antiguos. El ritmo del diseño invita a la contemplación: como una alfombra de azulejos tejida en la pared, cada motivo equilibra presencia y espacio, color y pausa.
Esta obra de arte es ideal para coleccionistas de arte islámico clásico, admiradores de la artesanía cultural y quienes se sienten atraídos por el equilibrio, la simetría y la gracia.