


La Primavera (c. 1477–1482), de Sandro Botticelli, es una de las obras maestras más célebres del Renacimiento italiano y una de las representaciones más poéticas de la belleza mitológica en el arte occidental.
Ambientada en un jardín encantado repleto de naranjos y delicadas flores, la pintura presenta una escena alegórica inspirada en la mitología clásica. En el centro se alza Venus, diosa del amor, enmarcada por un arco natural de follaje, que encarna la armonía, la belleza y el equilibrio de la naturaleza. Sobre ella, Cupido, con los ojos vendados, apunta con su flecha, simbolizando el poder impredecible del amor.
A la derecha, la figura de Céfiro, dios del viento, persigue a la ninfa Cloris, quien se transforma en Flora, diosa de la primavera, esparciendo flores por el suelo. Esta transformación representa la renovación, la fertilidad y la llegada de la primavera.