


«Madre» (1895), de Joaquín Sorolla, es una de las pinturas más íntimas y emotivas del maestro español. Esta obra excepcional captura un momento de ternura y serenidad entre una madre y su hijo recién nacido, plasmado con extraordinaria sensibilidad y delicadeza.
La escena muestra a una madre descansando en la cama junto a su bebé, ambos envueltos en sábanas blancas y luminosas que dominan la composición. Sorolla transforma este momento sencillo e íntimo en una profunda expresión de amor maternal, vulnerabilidad y serenidad. Las figuras parecen casi envueltas en luz, disolviéndose suavemente en la tela y el espacio circundantes.
El dominio de la luz por parte de Sorolla se hace especialmente patente en esta obra. En lugar de las luminosas escenas mediterráneas por las que es ampliamente conocido, aquí explora una paleta sobria de blancos, cremas y tonos suaves.