


El flautista (1866), de Édouard Manet, es uno de los retratos más singulares y modernos del siglo XIX. Inspirada en la pintura española y la iconografía militar, esta obra destaca por su sorprendente sencillez, su audaz composición y su innovador uso del espacio.
La pintura representa a un niño vestido con uniforme militar, tocando la flauta. Sobre un fondo neutro, casi vacío, la figura aparece aislada y nítidamente definida, centrando toda la atención en su postura, expresión y vestimenta. Este minimalismo deliberado fue radical para la época, rompiendo con la pintura académica tradicional que favorecía escenarios elaborados y la profundidad.
La influencia de maestros españoles como Velázquez en la obra de Manet se evidencia en la franqueza de la figura y la sobriedad de la paleta de colores.