


El ferrocarril (1873), de Édouard Manet, es una de las imágenes más fascinantes y modernas del París del siglo XIX. Pintada durante la transformación de la ciudad bajo el mandato del barón Haussmann, esta notable obra captura un momento de tranquilidad cerca de la estación de Saint-Lazare, una de las grandes estaciones de ferrocarril de la capital francesa.
El cuadro muestra a una mujer sentada, vestida de azul oscuro, con un libro y un pequeño cachorro en su regazo. A su lado, una joven con un vestido blanco atado con una cinta azul brillante mira hacia la verja de hierro y observa el vapor y el movimiento del ferrocarril que se extiende más allá.
En lugar de representar el tren en sí, Manet se centra en el sutil contraste entre las figuras serenas en primer plano y el mundo industrial invisible sugerido por las nubes de vapor que se elevan tras las barras de hierro.