


El autorretrato con dos círculos (c. 1665-1669) de Rembrandt van Rijn es uno de los autorretratos más profundos e icónicos de la historia del arte occidental. Pintado cerca del final de la vida del artista, esta obra excepcional revela la extraordinaria capacidad de Rembrandt para capturar la profundidad psicológica, la presencia humana y la identidad artística.
El cuadro muestra al artista de pie, con aire seguro, frente a un fondo neutro marcado por dos grandes círculos sin terminar. Ataviado con un rico abrigo de pintor y sosteniendo su paleta y pinceles, Rembrandt se presenta no solo como sujeto, sino también como un maestro de su oficio. Su mirada serena y su postura firme transmiten tanto autoridad como introspección.
El significado de los misteriosos círculos que aparecen tras él ha intrigado a los historiadores durante siglos.