


La dama del abanico (1917-1918), de Gustav Klimt, es una de las últimas obras maestras del célebre pintor austriaco y una de las más cautivadoras del movimiento de la Secesión de Viena. Pintada durante el último año de vida de Klimt, esta extraordinaria obra representa la culminación de su fascinación por la belleza decorativa, el simbolismo y la ornamentación de inspiración oriental.
La pintura retrata a una mujer elegante que se yergue con gracia sobre un fondo ricamente decorado con pájaros, flores y elaborados motivos. Su delicada pose y serena expresión transmiten refinamiento y una discreta confianza. Klimt rodea la figura con vibrantes motivos inspirados en el arte de Asia Oriental, como aves parecidas al fénix, grullas, flores de loto y textiles ornamentales.