


La Última Cena (1495-1498), de Leonardo da Vinci, es una de las obras maestras más célebres de la historia del arte occidental. Pintada en la pared del refectorio del Convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, esta icónica composición renacentista captura el dramático momento en que Jesús anuncia que uno de sus discípulos lo traicionará.
Leonardo dispone a los apóstoles en dinámicos grupos de tres, cada uno reaccionando con asombro, incredulidad o gestos interrogativos. En el centro de la composición se encuentra Cristo, sereno y equilibrado, formando una perfecta estructura triangular que simboliza la armonía, el equilibrio y el orden divino. Las líneas de perspectiva de la arquitectura convergen tras él, reforzando su presencia central en la escena.